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D. Federico Mayor Zaragoza (bagaje en breve) ');
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document.write(' Doctor en Farmacia. Catedrático de Bioquímica. Rector de la Universidad de Granada y también en la Autónoma de Madrid. Cofundador en 1974 del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. Vicepresidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Subsecretario de Educación y Ciencia del Gobierno Español. Ha desempeñado diversos cargos tanto en la política de nuestro país como en la paneuropea: Diputado del Parlamento Español; Consejero del Presidente del Gobierno; Ministro de Educación y Ciencia; Diputado en el Parlamento Europeo; Director General de la
UNESCO desde 1987 hasta 1999. A su regreso a España crea la Fundación Cultura de Paz que preside actualmente. Al tiempo que presidió el ERCEG (European Research Council Expert Group) para la economía basada en el conocimiento y fue copresidente del Grupo de ‘Alto Nivel’ para la Alianza de las Civilizaciones de ONU.
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Fernando Herrero.- Perdonad, ¿Estos datos son ciertos?...
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Federico Mayor Zaragoza.- Totalmente, Fernando.
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Ch.A.- Profesor, ¿qué necesitamos para ejecutar éste objetivo y en cuánto tiempo?
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F. Mayor Zaragoza.- La cultura de guerra y fuerza es una cultura secular porque desde el origen de los tiempos el poder ha sido siempre ostentado por hombres. La mujer aparece de forma esporádica y fugaz. En los escenarios del poder los hombres se han caracterizado por seguir de forma escrupulosa el perverso adagio ‘si quieres la paz prepara la guerra’. El resultado es una ciclo de guerras y confrontaciones en donde los ciudadanos no cuentan para nada, ya que tienen que sacrificar sus vidas sin opinar cuando el poder se lo impone. Curiosamente, la mayor parte de las veces las causas nada han tenido que ver con las propias – en algunos casos eran diametralmente opuestas. Esta es la historia que nos trae el presente: no puede ser que haya más de 1.500 millones de habitantes que están por debajo del umbral de la pobreza: 60.000 habitantes se mueren diariamente de hambre en el planeta, etc.
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Es la consecuencia de estar continuamente preparando la guerra. Los productores de armamento se han convertido en el consorcio industrial más poderoso del mundo. Recuerdo cuando el nuevo Presidente norteamericano,
J.F. Kennedy, toma el poder, su predecesor le comenta en el juramento que en EE.UU. “sólo hay un poder superior al de la Presidencia y es la industria armamentística” (en 2010 con más de 850.000 M$ seguido a distancia de China, superando los 150.000 M$ y Rusia en tercer lugar). No obstante, ha habido grandes intentos para evitar los conflictos bélicos y sus consiguientes gastos militares: en 1918 al término de la Primera Gran Guerra
W. Wilson crea en 1919 la
Sociedad de Naciones, institución que arbitraría en lo sucesivo en conflictos entre Estados evitando recurrir a las armas. Los europeos reaccionaron vehementemente temerosos ante el posible rearme de la Alemania vencida y los Americanos apelaron a su inestimable ‘National Security’ (Seguridad Nacional). Posteriormente, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Presidente norteamericano
Franklin D. Roosevelt, desde mi punto de vista el mejor que ha tenido EE.UU., diseña un magnífico plan con unas medidas para asegurar que, en lo sucesivo, la convivencia pacífica fuera viable. En 1944 crea el Banco Mundial para la ‘reconstrucción y el desarrollo’, la
FAO y en 1945 la
ONU.
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Ch.A.- Profesor, demos un salto breve al marco temporal de los 12 años durante los cuales fue Director General de la
UNESCO. Efectivamente, conoce los entresijos del poder político, al tiempo que los ‘pros’ y ‘cons’ de los OO.II./Organismos Internacionales. Desde su perspectiva globalizada, amplia, por favor, coméntenos, en lo relativo a gobernación internacional
por qué resulta tan indispensable fortalecer unas Naciones Unidas refundadas, con una Asamblea General que represente a “los pueblos”, integrada por Estados; OO.II.; y ONGs.
¿No supone esto una utopía? ');
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F. Mayor Zaragoza.- Sí, es una utopía porque las utopías son las únicas que nos permiten pasar de los ‘imposibles’ hoy a los ‘posibles’ mañana. Era una utopía pensar que en
1989 por el genio de
Mikhail S. Gorbachev, se desmoronaría el Muro de Berlín sin una sola gota de sangre, como símbolo de la Unión Soviética – y se produce la conversión de la Unión Soviética en la Federación Rusa.
De vez en cuando surgen personajes excepcionales que nos aportan soluciones creativas e inesperadas. Otro caso ejemplar:
mi colega Nelson Mandela, tras 27 años de prisión en Sudáfrica (Capetown) se convierte, repentinamente, en el paradigma de la utopía: en poco tiempo, con la complicidad del presidente Frederik de Klerk logra la supresión del Apartheid y, poco más tarde, el pueblo le elige Presidente por sufragio universal (1994). En relación a las Naciones Unidas, he propuesto que se cree una Asamblea General Extraordinaria y Constituyente que tenga el papel de interlocutor oficial de la ONU en los casos de máxima prioridad como Libia, Yemen, etc. – en lugar del G8 como se aplica actualmente.
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" La única manera de facilitar la evolución, en lugar de la revolución (con “R”), de vencer la inercia, que es nuestra gran enemiga, es conservar algunos conceptos esenciales y
CAMBIAR otros de forma creativa, rompiendo el corsé de lo esperado. Ahora está llegando lo inesperado al escenario del poder:
la gente informada; está llegando la democracia real. Ahora es cuando la gente quiere ser tenida en cuenta permanentemente y se puede expresar. Esta gente reclamará unas Naciones Unidas refundadas y
unidas porque no es admisible lo que está sucediendo en Libia porque al líder
M. Gaddafi le parezca oportuno. O, de repente, otros líderes ansíen invadir Kosovo o Irak basándose en la mentira y la simulación (en éste último caso porque convenía por el petróleo). Las Naciones Unidas las tenemos que recrear. Fue
John F. Kennedy quien nos decía en una de sus célebres frases:
“Todo cambio es posible… Ningún cambio se halla fuera del alcance de la creatividad humana”. " ');
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document.write(' No es peyorativo hablar de utopías. Eduardo Galeano, cuando se refiere a los utopistas y los contrasta con los realistas, comenta que éstos últimos nunca han cambiado nada porque aceptan la realidad. La utopía es avanzar hacia una dirección sabiendo que el horizonte se desplaza a medida que nosotros caminamos.
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