');
document.write('
');
document.write(' Esto se complica, si cabe más, por las propias contradicciones izquierda/derecha en las que desemboca el presente escenario posfordista producto a su vez del modelo capitalista actual. Así, la inseguridad, la falta de certeza económica, la desafección política y el distanciamiento con quienes ostentan el poder político, la alienación y el desencanto con un Estado cuyos gobernantes son incapaces de resolver el contexto actual de crisis, añadido a la prioridad de un escenario donde se han salvaguardado los intereses del mercado a la vez que obviado las necesidades de la población civil, terminan por dirigirnos hacia un perfecto caldo de cultivo para la emergencia de partidos y coaliciones de marcada impronta neofascista.
');
document.write('
');
document.write(' Y en esas estamos, amenazados por un rostro amable de la extrema derecha, seguida de millones de correligionarios, que son dirigidos por liderazgos, tan carismáticos como demagógicos, y que han sabido transferir al debate público nuevos conceptos de "nación" o "ciudadanía", con lo que se segmentar ideológicamente no ya sólo a los partidos más conservadores, sino a la ciudadanía en general. Todo lo anterior tenderá a favorecer la (re)incorporación de un cleavage en el que el "otro", el inmigrante, supone una amenaza en términos económicos, sociales y culturales frente al que urge actuar. Más si el terrorismo internacional opera como factor coadyuvante.
');
document.write('
');
document.write(' Sin embargo, lo cierto es que, todo lo anterior no hace sino crear nuevas fracturas que amenazan con implosionar la naturaleza del proceso integrador, y el valor agregado de cualquier atisbo de cosmopolitismo global. Ello, gracias también a una corresponsabilidad directa de una parte de la ciudadanía que atraviesa una profunda crisis de valores y que se siente cómoda con las posibilidades que ofrece la violenta pero amable extrema derecha. Una ciudadanía que expresa el fracaso de la educación democrática en tolerancia y respeto mutuo, y que torna en egoísmo el valor de la inclusión y la solidaridad. Una ciudadanía que evoca los fantasmas del pasado más oscuro de Europa y que nos muestra cómo fracturas sociales -raciales- trasnacionales originadas por una causa global son proyectadas, sin solución, a una problemática local. Una problemática local que, más que nunca, requiere de Europa y de sus Estados para actuar en aras de mayor inversión pública, redistribución de ingresos, igualdad social, valores cívicos, inclusión ciudadana, educación y bienestar. También las instituciones educativas, la universidad y los medios de comunicación son corresponsables en dicha cuestión. De lo contrario, parecemos abocados a repetir el error de los años treinta. No se puede banalizar una posibilidad de retorno del fascismo que está ahí, al acecho, y más cerca que nunca.');
document.write('
');
document.write('